Nos conocimos en la facultad, un lunes a la mañana, peleando por el último asiento libre del aula. Lo compartimos… y de alguna manera, lo seguimos compartiendo hasta hoy.
Primero fueron los apuntes prestados y los cafés eternos en el bar de la esquina. Después, sin que nos diéramos cuenta, ya éramos ese plan que ninguno de los dos quería cancelar.
Ocho años más tarde llegaron la casa propia, Simón (nuestro golden que se cree persona), los viajes con mochila y los asados de domingo que se estiran hasta la noche.
En uno de esos atardeceres frente al mar, Nico se arrodilló y Sofi dijo que sí antes de que terminara la pregunta. Ahora queremos festejarlo como más nos gusta: con ustedes, música y baile hasta que se apaguen las luces.







